lunes, 3 de agosto de 2009

Tocarme los cojones no es gratis

Ayyy, por donde empezar. Iremos a por lo que mas toca los cojones, la bici de Juan. Juan (Brujah) haciendo ejercicio de su inagotable generosidad accede a prestarme su bicicleta, pues la mía me la robaron hace tiempo, seguramente, apestosos Rumanos. Me da por aparcarla en la estación de trenes, y mientras voy a peñarroya unas horas, me la roban. Hombre, enfadado enfadado no se si estaba cuando le comenté la mala noticia. Es que es complicado por que no hay con que comparar, yo a Juan no lo he visto de mala uva jamás. Pero si se le notaba raro, y es que si a mi me jodió como un clavo en la pupila, pues a el imaginaros.

A todo esto el viaje al pueblo una verdadera mierda, no llegué al entierro de mi tía por que la empresa de transportes no tenía autobuses hasta las 10 de la mañana. El puto autobús ni siquiera paró en el pueblo, esquivó la parada de peñaroya, y tras un interesante intercambio de opiniones con el conductor, (un paletazo al que me encantaría empalar en una viga oxidada). Pues me vi andando unos kilometrillos a pleno sol de las 12 de tarde caminito de la casa de mi abuela. Simpática la escena, por que me puso unas ganas de descabezar bebes en el cuerpo. Que para cuando cogí el autobús de vuelta, apenas 6 horas más tarde, a que no adivináis quien era el conductor. A ver si se retoman los programas de esterilización, y se empieza por los conductores de autobús.

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